Teatro del Velador pone en escena una nueva obra, Las Gracias Mohosas, un texto breve basado en una pieza de la primera dramaturga española, la sevillana Feliciana Enriquez de Guzmán. La procesión del Corpus es el escenario elegido por Juan Dolores para presentar a los grotescos personajes a los que ya nos tiene acostumbrados este director, introduciendo el elemento religioso como punto de partida de la rocambolesca historia, donde finalmente triunfa lo absurdo fuera de toda norma. La religión en contraposición de la celebración de la carne, llegando a un punto carnavalesco.
La línea que une todas las obras de Teatro del Velador, la crítica social, a través de lo grotesco, se reconoce perfectamente en esta obra, aunque Las Gracias Mohosas contiene la descarada búsqueda de un toque de humor, la búsqueda de la carcajada en el público, quedando así un sabor agridulce para quien sepa ver el transfondo crítico de la obra.
Seis hombres vienen a enamorarse de la misma mujer, Aglaya, con quien quieren casarse, pero es algo imposible, porque ella tiene dos hermanas solteras que también buscan matrimonio. El padre de las chicas es el personaje que intenta poner unas normas a la situación, normas que finalmente se transgreden, fuera de toda lógica y de toda convención social. La obra traslada lo ideal a un sistema de valores fuera de lo establecido, donde lo grotesco nos muestra un mundo configurado por la falta de identidad y armonía.
Hay que resaltar, como en todas las obras de Teatro del Velador la dificultad añadida que para los actores tiene interpretar a estos personajes que desafían la normalidad con muecas, gestos y deformidades más allá de toda lógica, pero con una curiosa equivalencia con la realidad social.
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